El sector energético en Colombia está en plena transformación. Según SER, en 2025 entrarán en operación 19 proyectos solares y eólicos, sumando 2.550 MW a la capacidad instalada del país. A mediano plazo, más de 6.000 MW de energías renovables fortalecerán la matriz energética nacional, consolidando la transición hacia fuentes más sostenibles.
Sin embargo, el éxito de estos proyectos no depende solo de la inversión o la tecnología. Su viabilidad está estrechamente ligada a la aceptación social en los territorios donde se desarrollan. De hecho, según el BM, 35% de los grandes proyectos de infraestructura en América Latina han enfrentado retrasos o cancelaciones debido a conflictos sociales. Para las empresas del sector, integrar estándares internacionales en su gestión no es solo una buena práctica, sino una necesidad estratégica.
Normas como las de Desempeño en Sostenibilidad Social y Ambiental de la Corporación Financiera Internacional (IFC) y los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos de la ONU, entre otras, brindan marcos claros para anticipar riesgos, construir relaciones de confianza y garantizar que las inversiones sean percibidas como aliadas del desarrollo local. Un aspecto dentro de esta visión es la inclusión social y la equidad de género. Según el BID, solo 15% de la fuerza laboral en minería y energía en América Latina está conformada por mujeres. No obstante, las empresas que han apostado por reducir esta brecha han logrado mejoras significativas en productividad, estabilidad laboral y reputación corporativa.
Un ejemplo destacado es Andina Solar, operadora del proyecto fotovoltaico Pétalo del Norte de Santander I en Colombia. Consciente del impacto de la equidad de género en el desarrollo local, la empresa ha incorporado cláusulas en sus contratos que establecen que al menos 30% de la mano de obra contratada sea femenina y que 30% de los bienes y servicios provengan de empresas locales lideradas por mujeres. Con ello, no solo fortalece la economía del territorio, sino que también contribuye a una transición energética más inclusiva.
Brasil también ofrece un referente de cómo la sostenibilidad social impulsa el éxito de los proyectos energéticos. EDF Renewables implementó un sistema de consulta temprana con las comunidades en su parque solar Pirapora, lo que no solo redujo significativamente los conflictos sociales, sino que también mejoró en un 30% los tiempos de construcción, optimizando recursos y fortaleciendo su relación con la comunidad. La sostenibilidad es ruta para transformar la transición energética en una verdadera palanca de desarrollo. Las empresas que integren este enfoque en su estrategia asegurarán la viabilidad de sus proyectos, y fortalecerán su impacto positivo en los Territorios. En este escenario de transformación, el liderazgo empresarial será determinante.
NORMA SÁNCHEZ M.
Consultora experta en Sostenibilidad.

